30/05/2011 -
Estudio de Alicia Orfila (Sarmiento 2036 of 4 POSADAS) Tel: 54 - 3752 - 440793 - Email: www.aliciaorfila.com.ar
Desde niña aprendí que no era bueno que me pusiera a llorar delante de otros, pues quedaba ridículo y además me sentiría mal por lo que dirían de mí. En una oportunidad paseaba en cochecito con mi madre cuando nos encontramos con su jefa de trabajo, una conocida jueza, ella nos saludó y yo no tuve mejor idea que “sacarle la lengua”. ¡Cosa de chicos! dijo mi madre para disculparse, y a continuación me miró con una cara que hasta ahora recuerdo….Ufff!!! Alicia Orfila nos enseña a no reprimir nuestras emociones.
Desde que tuve esta y otras experiencias supe que no estaba bien visto expresar mis emociones, al menos en público.
Pero en casa (ya no en público), también me solía ponía triste expresándolo con lágrimas y mi familia se acercaba a consolarme preguntando -¿por qué llorás si no tenés motivos?-…Creo que lloraba porque tenía mis propios motivos aunque yo misma no supiera exactamente cuáles eran.
En definitiva “entendí” que expresar mis emociones no era bien aceptado por los demás, y que si lo hacía me iba a sentir peor…pues me estaba juzgando por ello.
Entonces comenzó una etapa larga de mi vida donde traté de entender POR QUÉ sentía tal cosa, y comencé el período “justificaciones”. Yo seguí sintiendo emociones: tristeza, melancolía, rabia, desconsuelo, etc pero trataba de darme una explicación mental para cada una y así las minimizaba y evitaba seguir sintiendo. Hasta que me fui haciendo “fuerte” y teniendo cada vez una mejor explicación, que rápidamente escondía mi más profundo dolor.
Así fui acumulando y acumulando muchísimo estrés en una maraña de emociones que estaban ahí al acecho esperando salir. “Soportaba” y mostraba una persona que yo no era realmente. Parecía que me sentía bien, pero era solo una máscara para quedar bien, para ser aceptada, pero no era la verdad. Estaba siendo la persona que debía ser, no quien era yo realmente.
Hice varios tratamientos, busqué muchas soluciones, porque casi siempre sentía que no estaba lo suficientemente bien. La frase “siempre te falta cinco para el peso” me venía como anillo al dedo.
Pero yo, a través de mi trabajo con personas “enfermas” (atiendo en rehabilitación a personas que tienen daño cerebral) sentía e intuía que había una parte de los humanos que no se enfermaba nunca, que siempre irradiaba paz, lo podía ver en mis propios pacientes! Ese fue uno de los motivos por los que profundicé mi investigación acerca de cómo funciona el cerebro y así conocí a la conciencia. Ya comenté que el otro motor que me impulsó fue mi propia sensación de insatisfacción con la vida.
La consciencia es esa parte de todos nosotros que siempre está alegre, que no necesita motivos externos para sentir paz y dicha. Es el amor sin razón.
Para mí esto fue un gran alivio ya que dejé de utilizar mi mente para “inventar argumentos increíbles” que justificaran mi malestar y pasé a sentir y a expresar mis emociones.
Al principio no me fue fácil, pues mi cerebro tenía un mecanismo de relojería para que yo “hiciera como que estaba bien” y no me permitía expresar ni decir nada acerca de ello. Parecía una persona “superada” pero en verdad estaba llena de emociones que me hacían doler el cuerpo, estaba llena de tensiones, cada tanto me desmayaba y me descomponía fuertemente del estómago.
Pero yo ya había comprobado que evitar sentir, NO me hacía más fácil la vida. Entonces me propuse cambiar, y empecé a sentir y a expresar, sin que esto afecte a nadie, solo como una nueva medicina para mí. La emoción que más había evitado era la angustia y la tristeza, así que lo que primero ocurrió es que lloré cerca de 15 días seguidos, pero no se asusten, esta es solo MI EXPERIENCIA, no necesita ser así para otros. Al poco tiempo me empecé a sentir diferente, como si el “medicamento” ya estuviera haciendo efecto. Empecé a disfrutar de lo que tenía, decidí hacer lo que no me animaba antes a hacer, cambié mi forma de trabajar, mis relaciones familiares fueron mejorando pero lo más importante es que me hice más humana: pude sentir las emociones sin juzgarme y luego dejarlas ir…
Cuando me permito sentir, comprendo más a los demás y no juzgo sus emociones. Me voy sanando y esa sensación de alegría se expande así como antes se expandía la angustia.
Otra cosa que sucedió cuando evitaba sentir, es que acudía a llenarme de alguna comida que me diera satisfacción instantánea, ó alguna compra de un objeto que me diera aunque sea un minuto de felicidad. Hoy conocemos muchas otras formas de evasión muy nocivas que llevan al ser a auto-destruirse, cuando se siente insatisfacción o distintas emociones que no son “buenas”.
Ahora puedo ser más real, me permito sentir y no me avergüenzo. Siento y no me juzgo. Pero por sobretodo se ha terminado ese sinfín de emociones negativas que duraban en mí tanto tiempo. Ahora duran breves instantes, y se van.
Es posible intentar algo nuevo si lo que hiciste hasta este momento no fue efectivo ó suficiente. Depende de tu verdadera intención de abandonar viejos hábitos y tomar nuevos. Nunca puede ser difícil cambiar si realmente deseás experimentar algo mejor para vos. Tu motivación es fuerte cuando tu interior dice basta.